La Academia Nacional de Farmacia y Bioquímica es una entidad que puede blasonar con legítimo orgullo la posesión de antecedentes históricos que comienzan en los albores del proceso de la organización nacional.

 

Era Científica | Profesional - 1856/1968

La Academia Nacional de Farmacia y Bioquímica es una entidad que puede blasonar con legítimo orgullo la posesión de antecedentes históricos que comienzan en los albores del proceso de la organización nacional.

El 12 de agosto de 1856 se fundaba en Buenos Aires la entidad madre de la Academia, la Asociación Farmacéutica Bonaerense que fuera reconocida oficialmente poco después por un decreto del 10 de setiembre de la Provincia - Estado de Buenos Aires. Sus objetivos fueron claramente científicos - profesionales y resultaron paradigmáticos para otras entidades que abordaban distintas disciplinas del quehacer científico, profesional y cultural en el país. Por eso es justicia considerarla como la entidad científica - profesional existente, que se continúa en nuestra Academia, más antigua del país y la segunda en América con tal carácter.

En 1863, siendo Bartolomé Mitre Presidente de la Nación y por Decreto ad -hoc, con su firma acompañada por la del Ministro del Interior, Dr. Guillermo Rawson, concede a la entidad una distinción que le enorgulleciera. En efecto, dice dicho decreto: "Buenos Aires, enero 5 de 1863. Siendo la Asociación Farmacéutica una institución científica que hace honor a la República por la elevación de sus objetos, y por la importancia real que ha recibido de la inteligente consagración de los miembros que la forman, y considerando que el cultivo y la difusión de las ciencias es, en efecto, uno de los medios de vigorizar el vínculo de unión nacional, el Gobierno de la República reconoce que se debe toda protección y fomento a la referida Asociación, la cual llevará en adelante el nombre con el que desea ser distinguida, es a saber: Sociedad de Farmacia Nacional Argentina".

Se debe aquí destacar el valor de los fundamentos expresados, sobre todo considerando que el cultivo y la difusión de las ciencias es, en efecto, uno de los medios de vigorizar el vínculo de unión nacional, circunstancia excepcional si se tiene en cuenta el momento histórico del país. La entidad nació en 1856, tres años después de consagrada la Constitución Nacional en 1853, pero con la Provincia - Estado de Bs. As. aún no integrada a la "Confederación Argentina". Faltaban aún las batallas de Cepeda (1859), que originaría el Pacto de San José de Flores por el que Buenos Aires sí se incorpora a la Confederación; y la de Pavón (1861, fin de la guerra civil), ésta "sin triunfantes definidos", al decir de Félix Luna, "pero que en última instancia permitió que Mitre lograra acceder al poder después de las elecciones de 1862". Sólo un año después se firmó el Decreto al que hemos aludido.

Tal vez por lo incómodo que resultaba decir su nombre entero, ya se encuentran un año después, documentos llamándosela "Sociedad Nacional de Farma

Su órgano oficial, Revista Farmacéutica, creado en 1858, es la revista científica farmacéutica de habla hispana más antigua editada, segunda en América y una de las primeras nueve del mundo hasta lo que hoy sabemos. Fue albergue durante muchos años de trabajos científicos originales, no solo farmacéuticos sino también de otras disciplinas afines como medicina (3), mineralogía, química en sus distintos usos distintos de los específicamente farmacéuticos, como tintas de imprenta (4) y otros, etc..

La institución fue la permanente propulsora de la creación del doctorado profesional y de facultades para la enseñanza y la investigación farmacéutica, que se concretara en la Escuela de Farmacia de la Facultad de Medicina, creada a su petición en 1864, redactando inclusive su "Reglamento" (Plan de Estudios). Además propició y creó dentro de la misma, las Cátedras de Farmacología y de Historia Natural, que sostuviera inclusive en los primeros años, y donde, mediante convenio específico, proponía las ternas para la designación de sus profesores, habiendo sido los primeros designados los destacados científicos Murray y Burmeister, el primero miembro fundador de nuestra Asociación.

La entidad propuso y colaboró en su implementación, de un único sistema de pesas y medidas en el país, el "decimal y métrico"(!).

Desde el instante mismo de la redacción de su Acta de Constitución en 1856 procuró el establecimiento de una Farmacopea Argentina, lo que se pudo concretar en 1893. Por supuesto, integró su Comisión Redactora. Pero los afanes continuaron en lucha permanente por su actualización. Primero como Academia "Argentina" y luego como "Nacional", la inquietud fue la misma. Así, en 1991, realizó un Simposio sobre "Farmacopea Nacional Argentina" que de alguna forma propició la Resolución Ministerial (MSyAS) N· 297 de julio de 1996, que encomienda encarar su estudio al ANMAT (Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Medica) y cuya Comisión integrara entonces como en la actualidad.

Promovió y organizó la creación de una biblioteca específica que fuera único medio de consulta durante el siglo XIX de nuestra ciencias farmacéuticas. Para ello contó con el aporte bibliográfico no solo de numerosos libros y de importantes revistas farmacéuticas de todo el mundo obtenidas por canje con la nuestra. Lamentablemente el rico patrimonio fue hurtado no mucho antes de finalizar el siglo anterior. No obstante, el canje continúa en la actualidad.

Distinguidas personalidades fueron y son integrantes ya sea como miembros Honorarios o como Titulares, Correspondientes y Asociados. Una escueta mención a manera de ejemplos nos recuerda a los Honorarios Sarmiento, Mitre, Burmeister, Handbury, Parodi, Pirovano, Dorvault, Juan J. y Leopodo Montes de Oca, Muñiz, Martín García, Teodoro Alvarez, J. J. Kyle, Juan A. Domínguez y los ya más cercanos en el tiempo, al Premio Nobel Bernardo Houssay, quién fuera homenajeado por la entidad al cumplir sus Bodas de Oro como Farmacéutico, y Federico Mayor Zaragoza, ilustre farmacéutico que llegara a ser Ministro de la Salud del Estado Español y durante muchos años también relevante Director de la UNESCO. Muchos otros no menos prestigiosos que los nombrados debieran mencionarse.

Sus integrantes y la entidad toda han sido exponente de altruismo, ya sea por haber volcado sus arcas para paliar los efectos del terremoto de Mendoza de 1861, como por haber intervenido en todo hecho relevante de nuestra historia patria. Así fue durante la guerra del Paraguay, donde su actuación mereciera una nota de agradecimiento de, una vez más, Bmé Mitre, en 1865, o en la lucha contra la fiebre amarilla que azotara la ciudad de Bs. As. en 1871 provocando la muerte de muchos farmacéuticos que prefirieron quedarse en la ciudad en ejercicio de su profesión.

Luego de diversos avatares, la Asociación Farmacéutica y Bioquímica Argentina se convierte en ACADEMIA ARGENTINA DE FARMACIA Y BIOQUÍMICA, según Resolución de la Secretaría de Estado de Justicia de la Nación Nº 1762 del 30 de agosto de 1968, fecha que define el final de la era que definimos científica - profesional y que constituye el magnífico legado para la Academia actual..

La última Personería Jurídica, continuadora de aquella otorgada hace más de 145 años, es resultante de la Ley que recientemente la "nacionalizara" la N· 24.824/97 y que luego convalidara la Inspección General de Justicia mediante Resolución I. G. J. N· 1264 y que finalmente le otorgara el nombre que, como antaño expresara Mitre, deseó ser distinguida, a saber: ACADEMIA NACIONAL DE FARMACIA Y BIOQUÍMICA .

Resulta gratificante recordar que nuestra augusta congénere del exterior, la Real Academia Española de Farmacia de Madrid, con la que nos unen entrañables lazos de amistad y que la precede en antigüedad, nació en forma semejante a la nuestra, en base al Real Colegio de Farmacéuticos del SIGLO XVIII. (5)

Referencias
(1) De Ióvine E. y Rodríguez H. B., aún no editada, en preparación. 
(2) Ver "Historia de la Asociación Farmacéutica y Bioquímica Argentina", 1856 -1946, p. 144 y otras, de Dr. F. Cignoli, editada por la misma entidad, impresa a su encargo en "Editorial Mireya, 1947. 
(3) Contó inclusive con una sección "Revista Médica" reemplazando la falta transitoria de un lugar para la publicación de los trabajos específicos de los médicos.
(4) Recordemos un hecho anecdótico llamativo sucedido, allá por principios de la década del 1950, cuando un funcionario de la Secretaría de Trabajo del Estado, recurrió a la Asociación Farmacéutica y Bioquímica Argentina pidiendo una copia de un trabajo sobre este tema publicado en Revista Farmacéutica del siglo anterior. Evidentemente se le entregó, como no podía ser de otra manera. Tan agradecido estuvo que nos obsequió con una filmación de los primeros 25 años de nuestra revista que aún forma parte de nuestro patrimonio. Uno de nosotros fue el participante por la entidad del hecho mencionado. 
(5) Fin de la ERA PROFESIONAL, que luego de una etapa final de transición en que se debió atender paralelamente los asuntos profesionales representativos, desembocará en la Era Académica propiamente dicha, en sus etapas "provisoria" de conformación institución académica, Académica Argentina y Académica Nacional final.

Historia
de la Academia Nacional
de Farmacia y Bioquímica

  • 1856

    Asociación Farmacéutica Bonaerense

  • 1863

    Sociedad de Farmacia Nacional Argentina

  • 1878

    Sociedad Nacional de Farmacia

     

  • 1935

    Asociación Farmacéutica y Bioquímica Argentina

  • 1962

    Colegio Farmacéutico y Bioquímico de la Capital Federal

  • 1968

    Academia Argentina de Farmacia y Bioquímica

  • 1999

    Academia Nacional de Farmacia y Bioquímica

Homenaje al Prof. Dr. Francisco Cignoli

Queremos referirnos previamente a una sensación o pensamiento que hemos tenido cuando leímos su "Historia de la Asociación Farmacéutica y Bioquímica Argentina 1856 -1946" por primera vez allá en nuestras mocedades, cuando recién comenzábamos el camino de la profesión y nos preocupábamos por conocer su historia y la de nuestra entidad madre en particular.

La lectura de tantos documentos, revistas y, en fin, publicaciones de toda índole, en los que el infatigable historiador de la Farmacia y la Bioquímica argentinas volcara su afán de historiar con la mayor certeza el magnífico pasado de nuestra entidad, redescubrimos la capacidad zahorí de Cignoli.

Sentimos al principio que su lectura parecía una "pesada" trascripción de actas, pero a poco de continuar con la misma pudimos comprender el hilo de su trama y entrar en el espíritu que la dominaba, que se trataba en realidad de una estudiada selección de actas o parte de ellas, con comentarios oportunos y relevantes, referidos a los hechos trascendentes de la institución y su relación con la sociedad.

Fueron pasando los años y efectuando sucesivas relecturas parciales y aún totales, hasta llegar al momento "actual" en que se usara, primero la entidad en sí para formar la Academia Argentina, y luego su historia, esta Historia, para fundamentar las presentaciones que se hicieran para obtener la "nacionalización" de la Academia. Y en cada nuevo momento de su lectura fuimos acrecentando ese reconocimiento al enorme valor legado a la posteridad, que hoy tratamos de expresar.

Su prosa es clara, cabal, certera. No caben en ella los florilegios y su admiración por las figuras preclaras es expresada en forma precisa y contundente, sin que esa forma prudente resienta en lo más mínimo su capacidad expresiva.

Cignoli ha sido un historiador por antonomasia. Se regodeaba en la búsqueda fatigosa de los datos, que sometía luego a una alquitarada tarea para finalmente producir la información exhaustiva.

Nos ha ocurrido, después de tantas lecturas de consulta que, de repente, nos hemos preguntado que sería de la historia de nuestra profesión y de nuestras entidades si no hubiese existido la eximia figura de Cignoli. Sin dudas, el magisterio de Cignoli ha sido tan cabal, que podría afirmarse, a nuestro entender, que mientas duró su existencia, el dato histórico imprescindible se encontraba siempre en el caudal mental del maestro. De no ser así, ese dato histórico estaría tal vez sumido en las penumbras de un desconocimiento que difícilmente otro historiador pudiera aclararlo con mayor abundamiento de datos precisos.

Ojalá la juventud estudiosa de la farmacia y de la bioquímica estuviese imbuida del deseo de conocer los orígenes de la carrera que han elegido. A la par que sorprenderse por tantas hazañas olvidadas, rendirían un homenaje al brillante cultor de la historia de esas profesiones.